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¡Adiós Peluche!

La muerte es un matiz de la existencia, morir es florecer en otra forma...  Lisímaco Chavarría. 
Si bien debería seguir la secuencia cronológica de la historia, hoy haré un salto temporal. ¿Por qué? Por que escribir plasma los sentimientos para que perduren eternamente, y hoy mis sentimientos están a flor de piel. 
Como estudiante de una carrera biológica es sencillo comprender el ciclo natural de la vida: se nace, crece, desarrolla y muere. Sin embargo algo científicamente tan sencillo se puede tornar complicado cuando se involucran las emociones humanas. Así que la muerte de un amigo nunca es fácil, aunque no compartamos especie ni género. 
Peluche, mi perro, llegó a nuestra casa para mi cumpleaños número 14. Era un pequeño cachorro negro con manchas blancas en las patitas y en el pecho. ¡Todo una ternura!. Pero muy travieso, y siempre se salía por entre las verjas de la casa, por lo que lo atropellaron varias veces. Por poco lo sacrificamos para que no sufriera, pero me opuse a ello. Con el tiempo se recuperó y creció, con la columna chueca,  pero siendo un perro muy inteligente. 
Con el tiempo tuvimos problemas para controlarlo, por que al tener tanta fuerza se nos escapaba, lo que ponía en riesgo a los motociclistas que pasaban frente a la casa. Esto llevó a que le acondicionáramos un espacio detrás de la casa donde pudiera jugar tranquilamente. 
Cuando Andrey llegó a nuestras vidas, le explicamos que él sería el nuevo miembro de la familia, y desde entonces le dio cariño y cuidado.Y a pesar de que Andrey le majara la cola, nunca hizo ni el mínimo intento de lastimarlo. Por el contrario, si alguien lo molestaba, él acudía a ayudarlo.
Siempre que regresaba de Cartago sus ladridos me daban la bienvenida. Los mismos ladridos de felicidad que anunciaban el regreso de cualquiera de los miembros de la familia.
La mañana, antes de irme para el aeropuerto, me despedí de él. Y estoy segura que él también lo hizo de mí. Guardaré por siempre el recuerdo de la llamada de la semana pasada, en que lo escuché saludándome, al reconocer mi voz por medio del teléfono. Pero hoy sus ojos se cerraron, sus ladridos se silenciaron y su espíritu se ha liberado, dejando este mundo atrás.
Solo me queda el consuelo que Andrey me ha dado: Peluche se ha ido a acompañar a Mamá Blanca. 

¡Adiós Peluche!


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