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El viaje

Definir el inicio de una historia nunca es fácil, pues siempre hay una gran serie de acontecimientos que permitieron que un hecho sucediera. De igual forma, el poder ir a WIU requirió de muchas carreras, papeleos, preparativos y demás que son comunes de un viaje. 
Sin embargo, les contaré a partir del 08 de enero en la mañana; momento en el que me enteré que por un error Majo y yo habíamos reservado vuelos diferentes y no viajaríamos juntas. Fue inevitable que me diera miedo el viajar por primera vez sola, más aún teniendo que hacer escala en Fort Lauderdale, pero ¿para qué sufrir por algo que ya no tiene solución?. Así que simplemente me dediqué a tomar notas de los pasos a seguir en los aeropuertos y de reposar 12 horas más en Costa Rica; ya que recién me recuperada de una intoxicación. 
Ya el 09 en la mañana nos fuimos temprano al aeropuerto y para la 1:00 pm ya estaba en la sala de la puerta 2 esperando el avión. Fue tanto el estrés y ansiedad de ese día que ni tiempo me dio de ponerme nostálgica. Sin embargo, al momento de despegar si me dieron nervios por que no sabía como iba a reaccionar mi cuerpo ante tal acontecimiento. Por dicha todo salió bien y pude disfrutar mucho del viaje. 
El Volcán Arenal
Yo, como siempre, iba atenta a mi reloj para saber cuanto tiempo faltaba para llegar; sin esperar que en Florida se va una hora adelante con respecto a Costa Rica, por lo que pensé que el avión había llegado antes. Ver Florida desde los aires es increíble. Son miles de miles de kilómetros de planicie perfectamente organizados en cuadriculas que a su vez forman parte de cuadros mayores, todos llenos de edificios que se pierden en el horizonte. La mayoría de casas son de dos pisos y con piscina (todo un lujo en Costa Rica). Además, pude contar como 7 estadios de Béisbol, algo totalmente nuevo para mí.
 A la hora de llegar me dediqué a seguir a la gente que avanzaba en fila hasta llegar a migración, sitio al cual más miedo le tenía. Pero por dicha me tocó en la casetilla 15, con el oficial Suárez, ¿cómo no sentir que era una señal de Mamá Blanca?, quizás ella me mandó a algún familiar perdido por el mundo. El oficial Suárez me trató super bien y hasta me vaciló por venir a Macomb en pleno invierno. 
Luego fui a buscar mis maletas y tratar de obtener internet para poder comunicarme. Por dicha pude recoger bien las maletas y llevarlas a la ventanilla de la aerolínea para el próximo vuelo, aunque descubrí que a una maleta le faltaba la manilla; lo que luego  sería mi tormento. 
Ya dentro del aeropuerto pasé por los puestos de seguridad, donde mis medias llamaron la atención de los guardas, me comuniqué con mi familia y con Majo, compré unos platanitos, cargué el celular un rato y busqué la puerta para el siguiente vuelo. 
Por dicha estaba atenta a todo y me di cuenta de que habían cambiado la puerta de abordaje de la E7 a la F2, así que tuve tiempo de ir a buscarla. A las 9:00 pm salió el avión, pero el paisaje no fue tan espectacular por que era de noche y no se veía nada. Este vuelo se me hizo super largo, por que por el cambio de huso horario, llegaría una hora más tarde de lo que esperaba. 
Al ir descendiendo en Chicago, la ciudad me sorprendíó. Los edificios son enormes todos sobresaliendo de los alrededores cuyas construcciones, desde el avión, no se logran distinguir del suelo. Pude ver montículos de nieve en las calles y cientos de luces encendidas que daban vida entre lo oscuro de la noche. El aeropuerto es gigante, como 20 veces más grande que el Juan Santamaría; por lo que se dura un rato desde que se aterriza hasta llegar a la puerta para bajar del avión. 
Ya en el aeropuerto de Chicago todo fue muy simple, solo bajar y Majo ya me estaba esperando. 
Pedimos un Uber para ir al hotel, pero me faltaban dos pruebas, mi primer encuentro con el frío y arrastrar la maleta que se había quedado sin manilla hasta el Uber. Creo que la segunda fue la más difícil. 
Llegamos al hotel Alise como a la 1 am, era hermoso, pero casi no lo pude apreciar por que solo estuvimos 4 horas ahí. Dejamos las cosas y fuimos a buscar comida a una pizzería cercana. ¡Gracias a Dios alguien no había recogido su pizza!; por que la cocina ya estaba cerrada y solo tenían esa. Así que nos sentamos a comerla. Descubrí que siempre se debe de dar propina en los restaurantes con meseros por que de esa propina es que sale el salario de ellos, de lo contrario no les pagan. Así que pagamos, recogimos lo que nos sobró de pizza y nos fuimos a dormir.



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